Tribuna libre

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La solución no está ahí fuera

Por mucho que desde el Gobierno nos vendan las excelencias de nuestra boyante posición internacional, por ese camino no va a llegar la solución a nuestros problemas igual que no llegó con la tecnocracia de la economía.

Una cosa es medir los tiempos –si es que se miden- y otra aplazar soluciones y esquivar tomas de decisiones que, con a la larga, se van enquistando en nuestra sociedad y en nuestra vida política.

Frente a problemas como el de Cataluña, la corrupción en los partidos, la falta de presupuestos, los desacuerdos en materias básicas entre las fuerzas políticas, el paro, el pacto educativo, la emigración o la amenaza real de los populismos, la táctica de mirar hacia el exterior no es buena.

Mariano Rajoy se nombra ministro de Asuntos Exteriores –como antes se nombró responsable de la economía- nos cuenta las excelencias de nuestra posición en Europa y deja pasar los días y los meses sin afrontar los problemas políticos que tiene encima de la mesa.

Por mucho que desde el Gobierno nos vendan las excelencias de nuestra boyante posición internacional, de ahí fuera, no va a llegar la solución a nuestros problemas.

Cuando se está en política y se tiene la responsabilidad de gobernar un país, hay que hacer política. En este caso, la economía antes y el área exterior ahora, son partes, importantes por supuesto, de esa política pero no son el todo.

A Mariano Rajoy, los éxitos económicos no le dieron la mayoría absoluta y los logros internacionales tampoco le van a resolver los problemas de ahora y aquí.

Europa, no solo no nos va a ayudar, sino que sus exigencias dificultan muchos procesos pendientes (por ejemplo el de la estiba). Europa aprieta en la reducción de gasto o en la cuantía de las pensiones; Europa seguirá exigiendo en el sector lácteo o ganadero o frutícola; Europa, o por mejor decir las potencias entre las que ahora decimos estar situados, velan, como es lógico, por sus intereses y no por los nuestros; Europa bastante tiene con lo que tiene y no va a dar carta de naturaleza, sin más, a un gobierno débil y con tantos frentes internos abiertos.

Hacerse fotos junto a los mandatarios de Francia, Alemania o Italia es normal y hasta necesario, pero no es todo ni nos va a solucionar nada.

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