Tribuna libre

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Por la boca… Sí es no, no es sí

El que Pedro Sánchez esté amortizado políticamente, no supone que no pueda ser secretario general el PSOE, o que no pueda llegar a ser presidente del Gobierno.

Con la –ya parece segura- decisión de Susana Díaz de presentarse a las primarias del Partido Socialista y algunas encuestas que dan a Sánchez como ganador, los problemas de la formación han vuelto al primer plano.

Aunque no se sabe muy bien si quienes asisten a los mítines y contestan a las encuestas son militantes con voto, simpatizantes sin voto o podemitas que pretenden aupar a Pedro Sánchez, algunos concluyen que no parece que se pueda dar por muerto, políticamente, al ex; pero el que Pedro Sánchez esté amortizado -que lo está- no quiere decir que no pueda hacerse con la secretaría general de los socialistas y hasta llegar a ser presidente del Gobierno.

Una situación de desahucio total no excluye el que alguien siga en la primera línea, porque tal y como funcionan internamente los partidos, y eso que llaman primarias, cualquier cosa es posible.

Y ahí está el peligro. Cuando muchos socialistas y muchos españoles pensaban que la pesadilla de un político tan mediocre había acabado, y que el peligro de unas elecciones adelantadas y de un gobierno débil quedaba descartado, Pedro Sánchez puede estar otra vez en la pomada. El ‘no, es no’ que ahora se ha convertido en ‘sí es sí’, podría instalarse en Ferraz y en La Moncloa.

En Ferraz, supondría el desgarramiento del Partido Socialista y en La Moncloa volver a la coalición de gobierno con Podemos y con los separatistas. Porque Sánchez no tiene ninguna ambición que no esté guiada por su rencor hacia Mariano Rajoy y su afán de revancha hacia quienes –no hace demasiado- le echaron de su despacho.

La gira que está haciendo y los discursos de los mítines, dejan muy a las claras que sigue sin ideas de altura y empecinado en lo de siempre. La obstinación y la terquedad de aferrarse al propio parecer contra el parecer de otros, como si todo el mundo estuviera equivocado, no es más que una prueba de inmadurez política y de falta de personalidad. Cuando el rencor ciega se pasan por alto consideraciones y circunstancias que deberían de tenerse en cuenta.

Pedro Sánchez ya no está en condiciones de hacer una reflexión política seria. Sus repetidos fracasos electorales y sus descabellados intentos de ser presidente del Gobierno, deberían propiciar esa reflexión -que en una persona madura políticamente sería normal- y llevarle a conclusiones que no pasan solamente por saber y decir quiénes son sus enemigos, sino por afirmar su proyecto para el Partido Socialista y, por lo tanto, para España.

Pedro Sánchez sí está muerto políticamente. Él parece no saberlo o, lo que sería peor, no querer enterarse.

El problema, si muerto y todo, gana las primarias, lo tendría el socialismo y lo sufriría España.

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