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Qué está pasando en la Policía

Lo que está pasando no me gusta un pelo. No es bueno para el país. No es bueno para la democracia. No es bueno para el sistema judicial. No es bueno para los servicios de seguridad del Estado.

Tenemos una institución, la policial, muy revuelta. Protagonista de demasiado manejos y movimientos extraños. A saber:

1. La guerra de comisarios. La filtración el pasado mes de junio de una conversación entre Jorge Fernández Díaz y el director de la Oficina Antifraude de Cataluña en un despacho del Ministerio del Interior destapó lo que ha venido en llamarse “una guerra de comisarios”.

La jubilación de Eugenio Pino, número dos de la Policía, desató a pocos días de las elecciones generales un pulso de candidatos a sucederle, con dos protagonistas principales: Marcelino Martín Blas, jefe de Asuntos Internos, y el comisario José Manuel Villarejo. De aquellos polvos, estos lodos. No paramos.

Seguimientos no legales. Grabaciones interesadas. Acusaciones cruzadas. Filtraciones a la prensa de asuntos escabrosos. Movimiento de expedientes…

2. El ex DAO en las portadas. Por si todo esto fuera poco, ahora se utiliza también el marketing. ¿Qué hace un ex jefe de la policía realizando declaraciones a los medios? No es su papel. No es su función, pienso yo. Debe distinguirse por su discreción no por salir a la palestra.

En manos de estas personas, el Estado español –que somos usted, yo y los millones de españoles que habitamos este país- ha puesto algo muy delicado y sacrosanto: la seguridad y vigilancia. Van armados por expresa decisión nuestra.

Deben, por tanto, ser especialmente ejemplares. No abusar en absoluto del puesto que ocupan y las herramientas que manejan. En caso contrario se produce la peor perversión: la corrupción de los que deben ser especialmente íntegros. En esta ecuación la discreción es un comportamiento imprescindible. Por eso no entiendo tantos focos y portadas.

3. Pen drives en los cajones. Por si todo esto fuera poco, ahora un caso judicial de tanta trascendencia como el de Jordi Pujol Ferrusola se está viendo enfangado por extraños movimientos policiales. Hay un ir y venir de ‘pen drives’, que aparecen extrañamente abandonados en cajones, llegan al juzgado y ponen en solfa todo el proceso.

¿Está alguien queriendo influir espuriamente en la investigación? ¿Se está forzando la nulidad del juicio? ¿Alguien está buscando atajos por pasadizos habilitados en las cloacas del Estado?

El tema se suficientemente grave como para que nos lo tomemos en serio. Pero a ver cómo desactivamos ahora todo esto. Si no se produce una detonación controlada, el asunto amenaza con llevarse por delante instituciones y personas. Miedo me da.

Más en twitter: @javierfumero

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