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Del rabo de los perros a la tumba de Franco

A nadie se le oculta que este país tiene problemas, no pocos de ellos con bastante calado. Por citar algunos, de fondo: la necesidad (diría más, la urgencia) de llegar a un pacto educativo entre todos los partidos; el drama del envejecimiento de la población por la falta de nacimientos, que nos está convirtiendo en un país de viejos y sin futuro; el desafío de canalizar e integrar la emigración; los nuevos modelos productivos, que expulsan masivamente mano de obra…

Por no hablar de la realidad de un Gobierno en minoría, de unos grandes partidos en declive, de un Parlamento fraccionado que provoca inestabilidad, de la reforma pendiente de la Justicia para cortar espectáculos protagonizados por jueces y por fiscales, de la imprescindible reforma energética...

Bueno, muchos de estos desafíos siguen sin ser abordados de forma contundente y eficaz. Y, por tanto, persisten sin solución.

Al mismo tiempo, nuestros representantes políticos, los señores diputados, se dedican tantas veces a cuestiones baladíes, a postureos, a debates inútiles, que en algún caso hasta constituyen un insulto a los ciudadanos, preocupados por asuntos bastante más serios, como el paro y el futuro de la economía, o la amenaza del terrorismo islámico, por citar un par de ellos.

¿A qué asuntos superfluos me refiero? Por ejemplo, a la ardua discusión que se produjo en el Congreso de los Diputados sobre si se puede o no se puede cortar el rabo a los perros. Como se ve, un asunto de la máxima urgencia nacional.

O también la decisión del PSOE de pedir la comparecencia de la ministra de Sanidad para explicar por qué en una campaña para aumentar la tasa de vacunaciones una enfermera aparecía con falda corta y cofia. Y así otra más.

Lo último ha sido la votación, nada menos que en un Pleno, sobre la exhumación de los restos mortales de Franco para retirarlos del Valle de los Caídos.

Si los señores políticos creen que les pagamos para hablar del rabo de los perros, de las cofias de las enfermeras y de la tumba de Franco, si creen que esas son las urgencias, las prioridades de los españoles, están muy equivocados.

Mal van a conseguir así recuperar imagen y que los ciudadanos confiemos en ellos. Al contrario, dan la impresión de que no nos sirven y que no se merecen el sueldo que cobran.

Lo cual resulta bastante inquietante. Creo yo.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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